Soy fantasma del castillo de Balintore

 

Una tarde de domingo, al principio de la restauración del castillo, estaba retirando escombros como de costumbre. Hacía bastante frío y mi único consuelo en ese momento, a falta de calefacción, era meterme en la cama.

Era la época en la que se publicaban los libros de Harry Potter, así que agarré mi ejemplar del último volumen y me metí en mi saco de dormir de tipo momia, que estaba sobre una cama de campaña, para disfrutar un rato de la lectura bien abrigado. Sin embargo, me quedé profundamente dormido y deduje que debía de estar bastante cansado y que una cabezadita no me vendría nada mal.

Me desperté al notar cierto movimiento en la ventana. Era una mujer que miraba hacia el interior, con las manos tapándose los ojos para protegerse de la luz y escudriñando para ver qué había en la penumbra. A propósito no había quitado las telarañas de esa ventana porque no quería estropear el ambiente gótico.

Cuando venía gente al castillo, yo siempre les ofrecía una taza de té y les enseñaba el lugar. Sin embargo, me preocupaba que, si me movía después de haber dormido, pudiera asustar a la mujer. «No seas tonto, David, levántate de la cama y ofrécele una taza de té a esta mujer».

Me levanté, pero la mujer había desaparecido, así que me dirigí a la fachada del castillo, donde había un coche aparcado que justo estaba arrancando el motor. La mujer iba en el asiento del copiloto y otra mujer estaba al volante.

Les hice señas a través del cristal y bajaron la ventanilla. «¿Ya os vais? ¿Os vais así como así?», repitió la copiloto, visiblemente conmocionada. «¿Os apetecería dar una vuelta por el castillo?», pregunté. «Obviamente habéis subido por el camino de entrada, así que debéis de haber tenido algún interés».

Les costó bastante convencerlas, pero finalmente cedieron. Yo no obligaría a nadie a hacer algo en contra de su voluntad, por supuesto, pero su reticencia inicial resultaba un poco desconcertante.

En cualquier caso, terminé la visita guiada y me quedé a solas con la conductora del coche, con quien había estado charlando durante el recorrido.

«¿Se encuentra bien tu amiga?», pregunté. «No ha dicho ni una palabra en toda la visita y está muy pálida». La conductora respondió: «Cuando miró hacia esa habitación del castillo, le pareció ver un ataúd sobre un caballete. Al ver un cuerpo que no se movía, pensó que estaba contemplando un cadáver. Cuando finalmente te incorporaste, ¡creyó que eras un vampiro saliendo de la tumba!».

De repente, todo cobró sentido. La copiloto se había llevado el susto de su vida. Un saco de dormir de tipo momia tiene la misma forma que un ataúd, y solo asomaba mi cara dormida. Entre las telarañas y la oscuridad, la imaginación de la mujer unió los puntos en el contexto de estar mirando a través de la ventana de un castillo gótico en ruinas y abandonado. No había absolutamente ningún indicio de que hubiera alguien viviendo allí.

Este incidente es una de mis anécdotas favoritas para contar en las cenas, ya que plasma a la perfección cómo la gente cambia de mentalidad cuando visita un castillo. La pobre copiloto sin duda cuenta la historia en sus propias cenas, tal y como me ha llegado a mí a través de amigos, con un poquito de exageración en lo que respecta al apartado del terror.

Antes de este incidente, yo era bastante escéptico con las historias de fantasmas y los fenómenos paranormales. Después de esto, debo admitir con cierta vergüenza lo mucho que disfruté asustando a alguien de forma tan severa que se quedó blanca como un fantasma e incapaz de articular palabra. Quizás podría dedicarme a esto profesionalmente. No podrías tener un mejor escenario que Balintore.

Y en este foro público, por fin tengo la oportunidad de pedir disculpas a esta pobre mujer. Por lo expuesto anteriormente, debería quedar claro que no tenía absolutamente ninguna intención de asustarte. Por favor, ponte en contacto conmigo; me encantaría leer tu versión de los hechos.

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