Robo y provocación de incendio
Como se imaginarán por el título de esta entrada del blog, va a ser muy difícil escribir sobre este tema. Sin embargo, soy un gran creyente de poner las cosas sobre el papel para que quede un relato fiel y casi contemporáneo para la posteridad, y para que se haga justicia kármica, si no institucional. Puede que el proceso también me ayude a espantar algunos demonios del trauma. Los nombres han sido cambiados...
Uno de mis albañiles, Orville, padece de la espalda y anunció hace unos meses que ya no podía seguir trabajando sin alguien que le hiciera el trabajo pesado, y que tenía un amigo encantador y talentoso, Wilbur, que podría encargarse de ello. Como es natural, me olió un poco a chamusquina que el problema y la solución aparecieran al mismo tiempo, pero habiendo sufrido yo mismo de la espalda en el pasado, me solidaricé. La palabra "sospecha" aparecerá a menudo a lo largo de este relato.
Cuando Wilbur llegó por primera vez, exigía la misma tarifa por hora que Orville y me di cuenta de que, básicamente, estaba pagando el doble por el mismo trabajo. Muy pronto le dije a Wilbur que no podía permitirme tener a otro albañil en nómina y que, de hecho, unos meses antes le había pedido a uno de mis fantásticos albañiles de toda la vida que se pasara a media jornada (una semana sí, una semana no) porque la restauración del Gran Salón estaba asfixiando mis recursos financieros. Sin embargo, le dije que podía darme presupuestos cerrados por el trabajo pesado de tareas específicas para Orville; por ejemplo, la mano de obra para rematar una habitación concreta costaría tanto. De ese modo, podría poner coto a este gasto adicional imprevisto y saber qué recibía a cambio de mi dinero. Le mencioné a Wilbur que no había garantías de que hubiera trabajos a precio cerrado, pero que si le parecía bien trabajar así, podía quedarse un período de prueba.
Con cualquier trabajador nuevo se necesita mucho tiempo para generar confianza; es decir, si le pago a alguien por horas, necesito saber que hinca los codos de verdad, y yo a Wilbur no lo conocía de nada. Le confesé al chef, Ryan, que, por lo que yo sabía, ¡Wilbur podía ser un traficante de drogas! Palabras proféticas, desde luego. ¿O quizás encaje mejor eso de "entre broma y broma, la verdad asoma"?
El lunes siguiente, después de haber hablado de los trabajos a precio cerrado, vi a Wilbur metido entre los otros albañiles, posiblemente arrimando el hombro, o posiblemente no. Esa tarde, cuando Wilbur pasó por mi oficina, le dije que si quería ayudar a mis otros albañiles de forma voluntaria, me parecía estupendo, pero que no podía pagarle por algo que no se hubiera acordado y que funcionábamos con tarifas cerradas.
El martes, Wilbur volvió a mezclarse con los albañiles y mi temor era que quisiera cobrar, así que el martes por la tarde puse por escrito en un correo electrónico lo que le había dicho el lunes por la tarde, asumiendo que ya no cabía ninguna ambigüedad.
Para el jueves a la hora de comer, Wilbur seguía metido entre los albañiles, así que tuve que cantarle las cuarenta directamente, algo que detesto. Le pregunté si había recibido mi correo. Dijo que no lo había visto hasta el miércoles. Le pregunté por qué seguía mezclándose con los albañiles y si se daba cuenta de que no le iba a pagar ni un céntimo por nada de eso. Wilbur insistió en que tendría que pagarle tres días y medio de mano de obra. Le dije que ni hablar, que no había ningún acuerdo y que incluso lo había puesto por escrito para evitar equívocos.
Me planté muy cerca de Wilbur mientras se lo decía y le señalé con el dedo porque se había pasado de la raya. Entonces, Wilbur me empujó con el pecho de forma física en un acto de agresión muy calculado y dijo que le pagaría, y que tenía sus métodos para cobrar. Se estaba comportando como un gángster y, desde luego, como alguien que acostumbra a extorsionar a la gente. En ese preciso instante, me dieron ganas de gritarle "¡Lárgate de aquí!", algo que no va conmigo, pero esa era la pura realidad emocional de la situación. Wilbur había mostrado una faceta muy peligrosa y nada volvería a ser igual.
El chef, Ryan, fue testigo de la escena y me fui a hablar del asunto con él, que normalmente es muy hábil para lidiar con la condición humana. Ryan me sugirió que le pagara, pero solo con la condición de que no se repitieran jamás este tipo de pagos y de que todo se manejara mediante contratos cerrados. Seguí el consejo de Ryan y le pagué, pero echando la vista atrás, no debí haber cedido porque sabía que tenía la razón y, de hecho, debí haber puesto a Wilbur de patitas en la calle en ese mismo momento.
Así que las cosas siguieron adelante con presupuestos cerrados y se fueron haciendo los trabajos pesados. No estaba claro si estaba recibiendo un trabajo justo por mi dinero, pero Orville no se quejaba, así que parecía una situación viable, aunque un tanto incómoda.
Los trabajos a precio cerrado parecieron escasear un poco (el suministro dependía de Orville) y Wilbur se pasaba mucho tiempo en su habitación. Se me ocurrieron algunas tareas por el castillo que necesitaban hacerse y le propuse a Wilbur algunos precios cerrados para ellas. Ryan y yo intentábamos animar un poco a Wilbur, como personas decentes, preparándole comidas e invitándole a noches de cine.
Orville seguía erre que erre con que necesitaba que Wilbur le hiciera el trabajo pesado. Le respondí que eso ya estaba claro y que, en adelante, lo único que Wilbur tenía que hacer era darme un precio cerrado por su parte del trabajo. Unos días después, Orville vino a verme con un precio cerrado global para una tarea, que supuestamente incluía la mano de obra tanto de Wilbur como la suya. No estaba seguro de si Orville había captado la idea, pero me dio a entender que las cosas cambiarían a partir de entonces. El precio cerrado era un poco alto, pero como implicaba a dos personas, acepté. Como Wilbur era, en esencia, un subcontratado de Orville de todos modos, este sistema, aunque no era el acuerdo original, tenía cierta lógica de cara al futuro.
A la semana siguiente, Orville me dijo que ni siquiera sabía quién era Wilbur y que no quería que le hiciera el trabajo pesado. Le pregunté qué había pasado para que se diera la vuelta a la tortilla en una semana. ¿Es que se habían peleado o era un asunto de dinero? Orville no soltó prenda, pero cuando le presioné, me dijo que era algo de lo que no podía hablar: una señal siempre alarmante.
Como es natural, le pregunté: "¿Se lo has dicho a Wilbur?", porque evidentemente era responsabilidad de Orville darle las malas noticias. Orville dijo que le había comentado a Wilbur que las cosas cambiarían en adelante. Presioné más y Orville admitió que en realidad no le había dicho a Wilbur que ya no lo quería como ayudante. Le dije: "Bueno, tienes que decírselo, y necesito verlo por escrito como prueba". Finalmente, Wilbur recibió la noticia de boca de Orville y no se lo tomó nada bien.
Sin embargo, Wilbur se quedó en el castillo y le pregunté a Orville si le había aclaré a Wilbur que el fin de la subcontratación significaba el fin de su estancia aquí. No obstante, me di cuenta de que al final el marrón me tocaría comérmelo a mí y que tendría que ser yo quien le diera el pasaporte a Wilbur, algo que no me apetecía nada; una papeleta en la que Orville me había metido porque no quería lidiar con la situación que él mismo había creado.
Se lo dije a Wilbur durante una cena que cociné pour él un lunes. Wilbur se quedó completamente mudo. Fue un momento horriblemente incómodo et intenté mantener la conversación yo solo. Todo se sentía fatal.
El martes, Wilbur andaba mezclado con los albañiles a primera hora de la mañana. Intenté ser positivo y le dije que estaba bien que arrimara el hombro antes de marcharse. El resto del día Wilbur se lo pasó haciendo las maletas y cargando su coche. Yo intentaba evitarlo por la incomodidad de la noche anterior. Sin embargo, la mudanza se prolongó una eternidad; no sabía si se marchaba ese día o no. No hubo ningún anuncio formal de su partida. Los albañiles me dijeron más tarde que estuvo sentado en su coche desde las trece treinta en adelante.
Alrededor de las dieciocho horas, justo antes de que anocheciera, Wilbur parecía listo para irse, así que hice lo correcto: le mostré los impresionantes avances recientes en el Gran Salón y le agradecí su contribución a la restauración, pidiéndole disculpas por el malentendido que hubiera surgido entre él y Orville, y explicándole que la razón por la que estaba en el castillo en primer lugar (trabajar para Orville) ya no se sostenía. Incluso le sugerí a Wilbur que se quedara otra noche, ya que estaba oscureciendo y siempre es más fácil conducir de día.
Entonces, justo antes de cruzar la puerta, me saltó con que no se pensaba ir sin las doscientas cincuenta libras que le había prometido por cortar un árbol para leña. "Pero si el trabajo no está terminado", le dije, y de hecho le había enviado un correo electrónico a tal efecto varias semanas antes para que quedara claro, cuando ya me había reclamado el dinero la otra vez. No hubo respuesta a mi correo. Incluso le había pedido a Wilbur que me avisara si el trabajo le venía grande, pero no obtuve respuesta alguna.
Llevé a Ryan a ver el árbol cuando Wilbur hizo su primera reclamación: estaba cortado en secciones muy grandes, pero desde luego no estaba en fase de leña, y Ryan me confirmó que el trabajo estaba a medio hacer. Le había escrito un correo a Wilbur especificando detalladamente la tarea a realizar y que el pago solo se haría al concluir el trabajo. Como su anterior exigencia de dinero había sido tan desagradable, quería que todo estuviera por escrito y sin rodeos. Y, de hecho, así es como trabajo normalmente: con las cartas sobre la mesa y las condiciones por escrito desde el principio.
En fin, esa noche Wilbur se emperró en que el trabajo estaba terminado, lo cual era una soberana tontería, y empecé a sentir que la situación se volvía peligrosa a nivel físico porque ninguno de los dos iba a dar su brazo a torcer. Necesitaba buscar ayuda e inmediatamente. Por desgracia, no llevaba el teléfono encima y, de todos modos, en el castillo no hay cobertura para llamar a un vecino o al novecientos noventa y nueve. Simplemente salí por la puerta principal del castillo para salir de esa situación de riesgo, sin una idea clara de a dónde ir al principio.
Mientras bajaba por el camino del castillo, naturalmente me puse en el peor de los casos pensando que Wilbur desvalijaría la propiedad, pero no podía hacer nada. Ryan, el chef, suele estar en el castillo, pero se había ido de vacaciones unos días. Resultó evidente que Wilbur había planeado este enfrentamiento para que coincidiera con la ausencia de todo el mundo, dejándome solo e indefenso. Había estado haciendo tiempo para que se marcharan todos los albañiles. De hecho, era un temor que me rondaba la cabeza desde hacía tiempo: que Wilbur pudiera entrar a robar.
Pronto decidí dirigirme a casa de un vecino, desde donde podría llamar a la policía si era necesario o, con suerte, simplemente esperar a que Wilbur se cansara y se marchara por su propio pie. Sin embargo, no podía ir en coche porque me han retirado el carné de conducir (por motivos médicos) durante un año. Mi estado de salud me impide caminar cien yardas sin sufrir un dolor extremo, así que tuve que de tripas corazón y aguantar el dolor para recorrer la milla o así hasta la casa de mi vecino lo más rápido posible.
Les conté la historia rápidamente y les pedí que me llevaran de vuelta al castillo para ver si Wilbur se había largado o no; es decir, necesitaba que alguien me acompañara por seguridad. Sopesamos llamar a la policía en ese momento, pero lo descartamos por si Wilbur ya se había ido por su cuenta. En fin, para matar el tiempo me sirvieron un gin-tonic y, al cabo de una hora, ya estaba de vuelta en el castillo en el asiento del copiloto del coche de mi vecino.
Wilbur seguía esperando en su coche frente al castillo, a oscuras. No decía ni palabra. Le pregunté: "¿Te vas, Wilbur?". Entonces Wilbur empezó a soltar el ataque verbal más espantoso que he oído. Me soltó cosas como: "Eres un hombre despreciable y vil. Eres cualquier cosa menos un caballero". Le dije: "Puedo pagarte por el trabajo de soldadura que has hecho y puedo darte cien libras para la gasolina".
El trabajo de soldadura se había entregado justo el día anterior, así que no habíamos tenido tiempo de hacer el pago. Lo habíamos hablado brevemente. Yo había mencionado cincuenta libras y Wilbur dijo que esa era la cifra que tenía en mente. Wilbur me espetó: "Te puedes meter el dinero por el cul*". Le pregunté a Wilbur otra vez si se marchaba y volví a ofrecerle el dinero. Repitió el mismo comentario sobre mi orificio corporal y se largó a todo trapo.
Jamás había oído a Wilbur hablar de esa manera tan (y uso su propia palabra) vil. Fue como si su verdadera naturaleza, esa que uno se temía que estuviera ahí, se revelara al fin sin caretas ni ambigüedades. He sido testigo de una transformación así una vez antes con otra persona en mi vida; me resultó tan escalofriante ahora comme entonces.
Estaba tan agradecido de tener a mi vecino Louis sentado a mi lado durante ese tenso encontronazo. Louis estaba al volante, en medio de mí en el asiento del copiloto y Wilbur en el asiento del conductor de su propio coche. Louis se sinceró: "Lo siento, no he dicho nada". Le respondí: "Has hecho exactamente lo correcto. Has estado ahí para apoyarme y has sido un testigo totalmente neutral al no decir nada". Le pedí a Louis que me confirmara que lo que acababa de pasar pasaba de castaño oscuro y que yo me había mantenido civilizado en todo momento, intentando simplemente calmar las aguas. Me confirmó ambas cosas. Me da pavor pensar qué habría pasado si Louis no hubiera estado allí.
Louis se dispuso a regresar a su casa. Entré en el castillo y fui directo a mi oficina, que es donde guardo el móvil. Había volado. Eché un vistazo rápido a la mesa de la cocina (donde a veces me lo dejo), pero tampoco estaba. Volví a mi oficina y busqué a tientas. Mi portátil había desaparecido, igual que mi disco duro. Corrí al lugar donde tenía el portátil nuevo (que aún estaba configurando) y también había volado. Wilbur había desvalijado el castillo de arriba abajo. No había forma de saber qué más se había llevado, pero de momento tenía que pedir ayuda.
Una vez más, no podía llamar a la policía (me habían robado toda la tecnología de comunicación) y tuve que volver a caminar campo a través por segunda vez para llegar a casa de mi vecino. Allí usé su teléfono fijo para llamar a la policía, anular mis tarjetas bancarias, etc. ¿Quién sabe qué podrían hacer con mis dispositivos? Con el tiempo, Louis me llevó de vuelta al castillo para que pudiera esperar a la policía y presentar la denuncia. Quedarme en casa de Louis habría supuesto que mis vecinos tuvieran que trasnochar durante horas dependiendo del tiempo de respuesta de la policía.
Presté declaración ante el agente que acudió al castillo y me aseguró que pillarían a Wilbur. Me metí en la cama sobre la medianoche, completamente exhausto y traumatizado. Como se imaginarán, mi cuerpo no estaba por la labor de dormirse. Hacia las dos de la mañana decidí ir a mear, para ver si así lograba conciliar el sueño. Por alguna razón, fui al baño que da al jardín trasero del castillo, que no suelo usar nunca.
A través de la ventana, y luego a través de los tejjos bastante más allá, se veía un leve parpadeo de una luz color granada. ¿Serían los reflectores de un vehículo captando la luz de una ventana del castillo? ¿O quizás un vehículo con las luces encendidas por ahí fuera? Sin embargo, no debería haber ningún coche en esa zona del jardín, y mi mente entró rápidamente en pánico pensando en un "incendio" y en si esto podría ser un ataque de provocación de incendio por parte de Wilbur.
Salí al jardín trasero. Lo que yo llamo la caseta del jardinero estaba completamente envuelta en llamas. Daba la sensación de estar en el punto álgido del infierno. El calor era tremendo. No veía cómo la estructura de madera, conservada hasta ese momento por siglos de creosota, aguantaría mucho más, así que grabé un vídeo rápido como prueba. ¿Debería llamar siquiera a los bomberos? Pero no, esto era intencionado y el fuego era tan intenso que los árboles colindantes podían salir ardiendo también. Quería asegurarme de que todo quedara extinguido y a salvo.
Una vez más, tuve que desplazarme campo a través, esta vez a oscuras. Intenté avisar a varios vecinos para ir más rápido, pero nadie me abrió. Llamé al timbre de una casa con tanta fuerza que el badajo se me quedó en la mano y tuve que volver a colocarlo. Nadie respondía. La única opción era ir a casa de Louis otra vez. Golpee la puerta gritando "¡Socorro!, ¡Socorro!, ¡Socorro!" una y otra vez. Eran las tres de la madrugada. Pareció una eternidad, pero finalmente Louis se despertó y me dejó entrar. Le expliqué lo del incendio provocado y llamé a los servicios de emergencia por segunda vez esa noche: esta vez pidiendo a la policía y a los bomberos.
Louis me llevó en coche al castillo por tercera vez esa noche. Me acordé de que tenía algunos extintores en el castillo. "¿Apagamos el fuego?", le grité a Louis. "Yo creo que mejor no", dijo Louis, "no sé cómo se usa un extintor". "Creo que solo hay que quitar el pasador", le respondí, así que cogí un par de extintores que tenían los pasadores a la vista. Pesaban un quintal, pero cargamos con uno cada uno hasta la caseta del jardinero. Quité el pasador e intenté sofocar el fuego. Hacía un calor insoportable y sentía cómo se me chamuscaba el pelo. Louis se mantuvo a una distancia prudencial observando.
Para entonces, el edificio no era más que un gran montón de madera ardiendo a ras de suelo. Ya no quedaba ninguna estructura reconocible. Avancé bastante con el extintor y logré aplacar bastante las llamas. Un extintor dura un suspiro y enseguida pasé al segundo, lo que calmó el fuego aún más. Sin embargo, no estaba extinguido del todo y sabía que volvería a avivarse con el tiempo dado el enorme volumen de madera ardiendo. A esas alturas estaba histérico por el trauma y el agotamiento, y cuando se me engancharon los pies en el enorme barrizal que rodeaba la caseta, me fui al suelo y quedé completamente cubierto de lodo. Louis me echó una mano para ponerme en pie, pero me dejé los zapatos en el barro y no me di cuenta (en ese momento) de que mis gafas de repuesto se habían caído al lodo. De hecho, los bomberos encontraron más tarde dos pares de gafas mías en el barro, que se me habían desprendido mientras combatía el fuego.
El equipo de bomberos, compuesto por unos diez efectivos, y también unos cuatro agentes de policía, llegaron aproximadamente una hora después de mi segunda llamada de emergencia. Tras una larga batalla, los bomberos lograron apagar el incendio: extrayendo secciones de madera del núcleo ardiente del fuego, es decir, desmantelando el incendio para atacar las partes de forma aislada. Fue un trabajo duro y peligroso. Hubo que refrescar mucho la zona una vez que el fuego estuvo visiblemente extinguido. El calor era tan intenso que me preocupaba que el muro de piedra del jardín, que formaba un lado de la caseta, se viniera abajo. Ya estaba inclinado antes del incendio y las vigas del tejado del edificio habían caído encima de este muro durante el derrumbe de la estructura.
Volví a prestar declaración ante la policía. Me quedé esperando a que los bomberos terminaran sus labores, como enrollar las mangueras, et intenté romper el hielo charlando un poco. Uno de los bomberos se reía diciendo que al menos el fuego nos resguardaba del frío en una noche tan gélida, y me temo que le dije al agente que yo no lo veía así y que estaba desolado por la trágica pérdida de una caseta de jardinero de mil ochocientos sesenta de gran valor, que se había construido con el mismo cuidado meticuloso que el castillo, con una ventana y una puerta bellamente labradas. Había sobrevivido casi doscientos años solo para ser destruida deliberadamente por un desalmado en unas pocas horas.
Yo había asumido que Wilbur había provocado el fuego antes de que Louis y yo lo viéramos marchar del castillo. Sin embargo, los bomberos dijeron que calculaban que el fuego llevaba encendido no más de una hora. Eso significaría que Wilbur había estado merodeando por los alrededores hacia la una de la madrugada esperando el momento de atacar; qué pensamiento tan espantoso.
Al final me fui a la cama antes de que se marcharan los bomberos porque estaba completamente agotado. Quizá estuve tumbado en la cama una hora o dos sin pegar ojo y, finalmente, me levanté a la mañana siguiente habiendo pasado la noche en blanco.
Después del robo, localicé un teléfono viejísimo que tenía guardado al fondo de un cajón para emergencias. Tras el incendio, conseguí conectarme al Wi-Fi. El noventa y cinco por ciento de las aplicaciones no funcionaban porque no superaba los controles de seguridad. Sin embargo, pude usar Facebook Messenger para enviar mensajes de texto a mis amigos contándoles el incidente; el resto de las aplicaciones de redes sociales fallaron. Pude usar eBay para localizar un teléfono y un portátil nuevos, pero no pude comprarlos debido a que fallaron las verificaciones de seguridad.
Hice que mi albañil Gregor comprara los artículos que había localizado. Al cabo de unos cinco días, empecé a reconstruir parte de mi infraestructura tecnológica y, aunque el hardware se entregó en casa de Gregor, él vino a propósito el viernes (que lo tiene libre) y luego durante el fin de semana para entregarme los dispositivos en persona en el castillo. Como es lógico, la falta de permisos de compra me impedía pedir que me enviaran las cosas al castillo.
Cambié las contraseñas importantes y bloqueé mi teléfono robado. Mi portátil es mi herramienta de trabajo y sin tecnología estaba atado de pies y manos para responder al impacto del robo y mitigar los riesgos de seguridad. Me vi reducido a limpiar y a leer una novela de bolsillo; fue una época de capa caída y de moral por los suelos.
Probablemente el peor aspecto del robo sea la pérdida de todos mis datos digitales, incluyendo: fotos familiares, mi archivo fotográfico de la restauración, mis cuentas, software que he programado yo mismo y mis colecciones de cine y música. Siento como si se me hubiera ido la vida entera. Naturalmente, lo tenía todo respaldado entre mis portátiles y mi disco duro, pero Wilbur se llevó todos mis equipos, así que todo se perdió de un plumazo. Su robo estaba calculado para hacer el mayor daño posible y, al tratarse de alguien de la casa, Wilbur sabía exactamente dónde estaba guardada toda mi tecnología.
Como es natural, me atrasé muchísimo con toda la "administración del castillo" y tardé tres semanas enteras en ponerme al día con el papeleo diario. Se me pasaron plazos importantes para trámites más relevantes. Todavía estoy escribiendo cartas de solicitud para conseguir prórrogas.
La policía vino el fin de semana posterior a la provocación del incendio y me pidió que hiciera una identificación fotográfica de "una entre doce". Consiste en que te presentan una foto de "su Wilbur" (es decir, el que figura en sus antecedentes policiales) junto con once fotos de personas de edad y aspecto similar a "su Wilbur". Al principio pensé que no reconocería a "mi Wilbur", pero era solo el pánico a que las cosas salieran mal, y cuando examiné las fotos con método, el que mostraba a Wilbur saltaba a la vista. Curiosamente, tenía mucha más pinta de delincuente en esa foto; supongo que es lo que pasa cuando no intentas dar una falsa buena impresión (como hacía en el castillo) estando bajo custodia policial.
Me dijeron de inmediato, para mi sorpresa, que había acertado con la identificación y que la policía de Lanarkshire ya podía proceder a su detención. Wilbur es de Lanarkshire. El agente quería una segunda identificación, así que le sugerí que le llevara la copia impresa de "una entre doce" a Ryan, pero el agente me aclaré que tenía que ser una copia distinta.
Le pregunté al agente cuánto tardaría la policía de Lanarkshire en detener a Wilbur. Le había facilitado un nombre, una dirección, un correo electrónico, un número de teléfono y fotos, por lo que cabría suponer que no sería muy difícil. Respondió: "Podría ser de uno a dos días o de una a dos semanas". Ya han pasado tres semanas y no sé nada de su detención, lo cual resulta bastante preocupante.
Después del robo, muchas cosas cobraron sentido. En los días previos a su partida, Wilbur entró por la fuerza en mi oficina por primera vez (estando yo presente) y miró a su alrededor. A eso se le llama tantear el terreno. Poco después intentó seguirme a mi dormitorio. Fue muy desagradable y le advertí que no me siguiera.
Un par de semanas antes del robo, Ryan notó que Wilbur entraba en la "sala de yoga" con un portátil (¡el mío!) y vio que lo dejaba sobre una silla. Unos días más tarde, Ryan le preguntó a Wilbur si era su portátil y Wilbur respondió: "No". Ryan se quedó con la mosca detrás de la oreja y desconcertado, pero no me comentó el incidente.
Wilbur le contó a Ryan que había enviado a una banda a romperle las ventanas a alguien que le debía novecientas libras de dinero de la droga. Por lo visto, mano de santo, porque el pago se realizó. Ryan, una vez más, no me reveló esta alarmante historia hasta después del incendio.
Craig, el techador, vio a Wilbur manipulando las seis espadas antiguas que iba a colgar en la pared del Gran Salón. Y adivinen qué: esas espadas volaron en el robo. La tragedia es que eran un regalo para el castillo de un antiguo basurero que apartaba las cosas hermosas que encontraba en el transcurso de su trabajo. La amabilidad de la donación contrasta drásticamente con la mezquindad de su sustracción. Un visitante del castillo recordaba haber visto espadas cruzadas en las paredes del Gran Salón cuando era pequeño y, lógicamente, yo quería recrear eso.
El día de su marcha, los albañiles notaron que Wilbur se movía por todo el castillo, así que sospecho que estaba merodeando y cargando su coche con el botín. El comentario que hizo Wilbur sobre dónde me podía meter el dinero lo hizo, a buen seguro, sabiendo perfectamente que me había desvalijado y que la mercancía estaba en su coche en ese preciso instante. Lo que no está claro es cuánto más se llevó mientras el castillo estuvo desatendido cuando salí corriendo a casa de mi vecino a pedir ayuda.
A toro pasado, por supuesto, Orville me indicó que Wilbur alardeaba diciendo: "Estaré más arriba que tú en el escalafón del castillo: tengo la confianza de David y me va a nombrar director del castillo", y Orville se había tragado un poco que eso fuera verdad. Wilbur es a todas luces un aprovechado y a Orville lo tomó por el pito del sereno. Orville también me indicó que habían tenido una bronca monumental unos seis meses antes que casi llega a las manos, por lo que, a pesar de lo que Orville me había dicho sobre la intachable reputación de Wilbur, era consciente hasta cierto punto de que Wilbur era una pieza de cuidado. De esto no se me dijo nada.
Atando cabos con la información posterior, quedaba claro que Wilbur nunca debió haber pisado Balintore. Orville se siente fatal por haber traído a Wilbur aquí. Sin embargo, aunque me hubiera deshecho de Wilbur antes, el robo era de cajón, a menos que su marcha hubiera sido supervisada por la policía, algo a lo que nunca habrían accedido. Las pruebas demuestran que el robo fue premeditado con al menos un par de semanas de antelación.
Sospecho que la provocación del incendio fue más espontánea, fruto de mi negativa a pagarle a Wilbur por el trabajo que no había terminado. Dentro del edificio de madera calcinado se encontraban algunas de las ramas cortadas del árbol, por lo que sospecho que Wilbur quería asegurarse de que yo no fuera a sacar ningún provecho de esa madera. Para colmo de males, también destruyó un edificio histórico de la época victoriana y todas las herramientas de jardinería de Ryan, que estaban guardadas allí. A mí no me hacía gracia que Wilbur metiera la madera ahí (¿no debería haberse llevado al castillo para su uso?), pero fui demasiado educado para decir nada.
Una vez le comenté a Wilbur que "Crimen y castigo" sería mi lectura preferida en prisión, ya que las relaciones con el Ayuntamiento de Angus eran tan malas que mi encarcelamiento parecía el siguiente paso inevitable. Wilbur respondió que tenía amigos dentro que "me cuidarían", ya que él había cumplido condena por tráfico de marihuana. El comentario no fue nada tranquilizador, como había sido su intención, ya que me confirmó que Wilbur era el traficante de drogas que me temía que fuera.
La pura mala fe era evidente. Wilbur había cerrado habitaciones con llave (la suite Lintrathen, el dormitorio rosa y la cocina de arriba) y se había marchado con ellas. Al día siguiente, todos mis albañiles se pasaron el día serrando los pestillos metálicos con hojas de sierra finas para intentar abrir las puertas. Esto les llevó mucho tiempo a ellos y me costó un dineral a mí. Las puertas sufrieron daños en el proceso y habrá que repararlas, y hubo que comprar e instalar cerraduras nuevas.
De hecho, mientras Wilbur se marchaba, me entregó la llave del castillo (¡sí, se la había quedado!) como una demostración de "poder", creo, e incluso puede que me dijera por dónde me la podía meter.
Wilbur también había robado la placa trasera de la chimenea de la cocina de arriba. Sabía que me encantaba esa pieza, ya que era la única original que quedaba de mil ochocientos sesenta en el castillo. Wilbur la había soldado y había hecho un buen trabajo, así que el robo de Wilbur fue planeado para herir, es decir, "te quedas sin esto". La placa trasera no encaja en ninguna otra chimenea (tiene una forma en T muy peculiar), por lo que no tiene valor de reventa, y retirar un elemento así de un edificio catalogado de grado A es un delito penal.
Mis albañiles se sintieron muy traicionados porque habían estado intentando echarle un cable a Wilbur (claramente alguien con problemas) ¿y así es como se lo paga? Ryan se sintió especialmente dolido porque él, más que nadie, había invertido tiempo en ayudar a Wilbur a seguir un programa de ejercicios, a cocinar para él, etc., y va Wilbur y le roba sus pertenencias (incluido un telescopio) además de destrozar sus bienes (incluidas sus herramientas de jardinería).
Yo había intentado apoyar a Wilbur en sus aspiraciones literarias, y algunos de sus versos étaient realmente buenos y expresaban sentimientos sinceros en dialecto escocés. Me aseguré de elogiarlo cuando correspondía. Tengo la suficiente integridad como para no regalar los oídos a nadie, ¡y eso ya me ha buscado algún que otro problema en el pasado con otras personas! :-)
Una reflexión que hago es que en una sola noche Wilbur causó al menos, digamos, quince mil libras en daños, y sin embargo, todas las personas generosas que han donado a mi página de GoFundMe para restaurar el Gran Salón a lo largo de los últimos cinco años han recaudado colectivamente nueve mil libras. Y por supuesto, ¿cuánto costó todo este despliegue de la policía y los bomberos? ¿Otras quince mil libras?
No tengo clara la moraleja de esta historia. Yo nunca habría invitado a Wilbur al castillo de haber dependido de mí, pero quería apoyar a Orville, que ha hecho un trabajo increíble en el castillo a pesar de sus problemas de espalda. Por supuesto, tengo que dar las gracias a quienes me ayudaron: mis vecinos, mis albañiles, la policía y los bomberos.
Wilbur se echaba flores a sí mismo (otra señal de alarma) y a otros conocidos suyos que podrían "ayudar" en el castillo. Siempre le rogaba a Wilbur que no intentara "venderme" a nadie de palabra, sino que yo mismo observaría de qué era capaz cada uno. Por desgracia, Wilbur fue perfectamente capaz de confirmar mis peores temores sobre él y con creces.
Aquí hay una lista de los objetos robados confirmados:
* Portátil Dell i9 (se dejó el cargador)
* Portátil Dell i7
* Portátil Advent Monza
* Disco duro externo de 4TB
* Teléfono Google 6
* Placa trasera original victoriana
* 3 llaves
* 6 espadas antiguas: 2 claymores, 2 espadas más pequeñas, 2 cimitarras con mango de latón
* Telescopio reflector (de Ryan)
* Juego de machos y terrajas (de Ryan)
* Microondas (¡parece que falta uno!)
Objetos destruidos confirmados:
* Caseta de jardinero victoriana
* Silla victoriana (dentro de la caseta)
* 3 cerraduras de puertas
* Leña
* Herramientas de jardinería (de Ryan)

Commentaires
Enregistrer un commentaire